28.9.10

Si revuelves mis papeles


Escondida en mi ausencia, tu picardía me hará sonreír. Y no, hoy no escribí nada nuevo. Pero te pensé mucho. Te pensé mucho hoy. Disculpa que, con las palabras como única compañía, no lo supe escribir.

© Pedro Letai
2010

27.9.10

Tokio y el amor moderno


Tokio, imposible.

Copenhagen, no creo.

Doce horas en un instante,

fugaz destello,

duro y breve instante.

Inútil ya la queja,

improcedente tentación

del eterno perdedor,

promesa de nada,

derrotado aspirante.


Tokio, imposible.

Vengo haciendo inventario de

lugares propicios al amor.

Después encuentro la terminal de la nada,

salidas, llegadas,

vacío atroz.

Entonces el mundo

me inquieta,

se me hace inquietante,

me despierta inexistente sin ti.

Todo se extiende

detrás de tu sonrisa

y lo que ahí no cabe

(y yo quiero caber)

no vale ya para mi.


Corazones huecos,

abandonados.

Los escuchamos, olisqueamos,

usamos y después,

destrozados, inservibles,

los tiramos.

Amor moderno, derrotado,

negado a la verdad

de lo tierno

y sobrecogedor.

Muriendo siempre

en una esquina cobarde,

saldo vendido

de camino

a Ribera de Curtidores.

En la orilla

de lo serio y lo valiente,

escuchando las prisas, el ruido,

el espanto, la gente.

Los demás, los rumores.


Domingos para llorar,

Tokio, imposible.

Tedio, crepúsculo,

invierno

en cualquier parte

para los que se ven solos

cuando pasa la tarde.

Falda y capital de provincia,

pueblo perdido

que es tu biografía conmigo.

Mujer tranquila,

pistola en la mejilla

de tigresa y rubia platino,

como cuando soñabas y leías

lo que llamaban amor,

como cuando eras niña.

Las cosas no eran así,

eran mentiras.


Tu mano amada,

la encontré,

aquí me quedo.

Y que el mundo se extienda

de Tokio a Copenhagen,

de Buenos Aires hasta aquí,

inquietante, siniestro.


En ti me quedo

y nada de allí fuera importa,

sin embargo,

si es tu sonrisa

la que calla mi llanto.

Si es tu piel

mi colchón,

que hace de manto

de mi antiguo corazón,

luchador ensangrentado

que busca la verdad,

tus besos,

huir del espanto

y morir de placer

en tu boca

después del infinito dolor.

Después de tanto.

© Pedro Letai

2010



26.9.10

Al borde de ti


Ando porque andar me lleva hacia ti.


Me visto porque, cuando tienes frío, mi ropa calienta tu piel.


Como para tenerme en pie y poder abrazarte cuando llegues.


Bebo para olvidar todo aquello que pueda distraerme de ti.


Rompo cada día el calendario para que vuelvas antes.


Maldigo los relojes, fugaces a tu lado y eternos, exactos, en la distancia feroz.


Planeo un atraco y una huída compartida, para que nadie nos encuentre jamás.


Borro mis huellas y tu rastro a cada momento, porque esto es sólo cosa de dos.


Te recuerdo o decido inventarte, depende del día, para tenerte siempre conmigo, detenida.


Lloro porque, si te imagino lejos, lloro.


Vivo en fin al borde de ti pues, al asomarme al abismo, te veo sonreír.

© Pedro Letai

2010

23.9.10

Vida #101


Tú, que desde que me hice joven,

hace no tanto,

te acuestas en mi subconsciente cada noche.

Yo, que hace no tanto

te pensaba lejana,

deseada, invivible,

peligrosa, recordada.



Tú que amainas

todo aquello que me turba

y me desborda.

Yo que quiero ser

cada domingo

cuero de tus botas

y un fijo en tu boca.



Tú y tu vida,

que desde que me hice joven,

hace no tanto,

curasteis mis heridas

y me hicisteis sonreír.

Hacedme ahora hombre

al fin,

regaladmae vuestras ganas,

quedaos a vivir.



Quedaos un tiempo

que sean cien vidas,

como las que hasta ti viví.



Como esas cien vidas en las que,

hace no tanto y sin ti,

he vivido condenado a morir.


©Pedro Letai
Amsterdam, septiembre 2010.

18.9.10

Fue en un invierno contigo

En un abrazo sentí que en el mundo no había hambre ni guerras. Que yo tampoco necesitaba comer ni beber ni tumbarme a descansar. Que nadie llamaría, que nadie me necesitaba. Que con los ojos cerrados en ti podría vivir en ese abrazo hasta morir octogenario sin despegarme de tu lado. Y nada de eso fue un sueño. Lo vi. Se llamaba amor.


También vi la nieve arder y la lluvia subir al cielo. Vi tantas cosas abrazado a ti que cuando te marchaste no dudé en qué sería lo que vendría después.


No he vuelto a vivir un invierno como aquél. No ha vuelto la nieve a arder.


© Pedro Letai

2010

16.9.10

A mi me gustaría ser la última bala en tu cañón


Y llegar a casa empapado por una lluvia de septiembre.

Y comprar un Mac y un Channel del 5. Y regalártelos.


Y ser bajista en Supertramp.


Y confiar en ti.


Y que a los mendigos jamás les llegase el invierno.


Y hacer mi agosto en tu cintura.


Y reírnos en la cama.


Y escribirte un poema. Pero de verdad.


Y ser terraza de tus cervezas.


Y beber ginebra entre tus pecas. En copa de balón.


Y tener todos los discos de Clapton. Todos.


Y dormir sin despertador. Y despertar temprano.


Y conseguir que tus ojos se cerraran de placer.


Y mentirte, piadoso.


Y engordar un poco.


Y besarte por sorpresa aquella noche, la primera.


Y encontrarle un curro a mi amigo.


Y subirte la falda. Y bajarte las bragas.


Y mirar por el retrovisor. Y ver el horror. Horror pasado. No vuelvas.


Y que me llames cariño.


Y recitar como Salinas. Tocayo, admirado. Maestro.


Y haberme acostado con una pelirroja.


Y coleccionar relojes para mi padre. Siempre atrasados. Los relojes, él y yo.


Y tener un niño. Y que me diga papá.


Y que Ibiza fuera hace treinta años.


Y no mandar nunca. Y no prohibir.


Y no ser alcohólico. Y no disgustar a mi abuela.


Y tener una amiga con la que no me haya deseado.


Y que la convulsión me sorprenda creando algo para ti.


Y que el rocanrol no muera jamás.


Y dormir en tu casa. Desayunar con tus compañeras de piso, sonreírlas creyéndome triunfador.


Y que me devuelvas el alma.


Y resucitar.


Y Bob Dylan, claro.


Y tenerte, tenerte, tenerte.


Tenerte.

© Pedro Letai

2010

15.9.10

Decencia


Recuerda que, gracias a mi inquietud, tú vives y existes.


Con mis versos sales a la calle, llegas tarde a tus citas, enseñas pierna a los taxistas y apuras cafés en los cafés.


Desde mis sueños y pesadillas besas, te desvives, te vistes de preciosa lencería que siquiera tuviste que comprar y me hablas con asombrosa sensualidad.


Gracias a mis cartas de amor eres inédita y eres completa. Eres jueves y luego no necesariamente viernes. Tú, entre todas las mujeres imaginadas y por imaginar. Te regalé esa suerte.


En mis líneas eres actriz y luego golondrina, y siempre guapa y dispuesta. Vuelas y aterrizas las veces que yo quiero, pero jamás forzada, jamás dibujada en nada desagradable. Jamás pensada en medio de algo feo.


Recuerda todo eso y ten la decencia de quererme y desearme más aún de lo que yo pueda soñar, imaginar, idear. Escribir.

© Pedro Letai

2010