1.6.11

El vodka y vosotros, que me habéis traído hasta aquí


Madrid, 1 de junio de 2011

Amig@s y compañer@s,

Hoy he recibido de la editorial mi segundo libro, 'El vodka y todo lo que nos trajo hasta aquí'. Es el proceso de más de un año de trabajo, vivencias y recuerdos en el que vuestra fuerza desde el blog y vuestros mensajes por todas partes han resultado esenciales.

Os quiero por ello dar las gracias a todos y a toda la gente que me rodea, que son mi mayor tesoro. Todos tenéis en este libro un pedacito que es vuestro. Gracias a la vida, que me da tanto cada día que me parece increíble. A mis padres, a mi chica y al núcleo duro que me sostiene a cada paso. A todas las musas que por algo debían estar y por ello están, a Bea por sus preciosas ilustraciones y a todos los viajes y las tierras en las que este libro ha ido escribiéndose. Por Amsterdam, por Segovia, por Soto del Real, por la Cava Baja, por Barcelona, por Sotogrande, por Lugano y por otras hacia donde el avión, por suerte, jamás salió. Pero el corazón a veces viaja sin pasajero ni factura.

Gracias a mi magnífica banda de la Morgan que cada día suena mejor y que desde el principio entendió que todo esto no era pretensión sino ganas de pasarlo bien y de ser honestos y coherentes con lo que queríamos hacer. Compartir con vosotros las historias que a ellos, como a mi, nos emocionaban.

Aborreciendo los consejos y a los que se creen para aconsejar, y después de mucho pensar y de mucha introspección, que el cuerpo la pedía, creo de veras que con esas dos cosas se puede conseguir lo que sea. Con coherencia y honestidad. La vida es una carrera de fondo, a largo, y poco a poco las cosas por las que luchas de verdad van saliendo siempre. Incluido el amor.

Y como cada vez que brindamos el 31 con mi hermano, el que no es hijo de mis padres, nos decimos eso de 'este año sí'. Pues, con dos cojones, ese momento llega y este año, sea el que sea, sí.

Lo presentaremos el 17 de junio en Madrid. Ojalá podáis estar casi todos aunque, de alguna u otra forma, seguro que todos estaréis. Brindaremos con un vodka con tónica pese a que, viejo rockero prematuro, yo esas cosas ya no me las bebo.

Nos vemos muy pronto. Gracias de corazón.

Un abrazo,
Pedro

31.5.11

Los otros sitios (sin ti)


Quién eres tú,

si vengo todos los días

de otro sitio

viviendo impreciso

un mundo en que no estoy,

que es condena e ilumina

lo que tú ni conoces.


Y quién eres tú

en mis pensamientos,

esos que te ven cruzar mi puerta,

subir hasta el cuarto,

responder mis deseos,

desear mis labios.


Quién eres tú

en esos sitios míos,

tan otros y tan distintos,

en los que tus caderas

son mi vida

que entera se apaga.


Y dime quién eres tú

en la cama y en las prisas.

En las tardes

en que no me conoces,

en las veces que te he dado

mi amor

a la salida de tu horario,

sin tú tocarme

ni saberlo.


Y quién eres tú

en mi búsqueda truncada

por los otros sitios.

Quién eres tú

en esos sitios,

tan otros, tan oscuros.


Dime quién eres después,

tú que nunca has buscado

en esta puesta sin sol

mis sombras entre los rayos.


© Pedro Letai

2011

17.5.11

Los otros sitios

Vengo todos los días de otro sitio, a veces a este parecido,

en el que mis pasos te convierten en mi opción y mi obsesión.

En el que nos creo durante un camino inventado

dibujándote cerca en lo que sueño presente.

Añorándote débil en lo que me despierta pasado.


Vengo todos los días de otro sitio, a veces a este tan distinto,

pero nunca te encuentro ni mis huellas me devuelven

después

a lo que allí yo imagino.


Y tú nunca vienes a buscarme allí,

a los otros sitios de donde vengo por ti.

© Pedro Letai

2011

11.5.11

Escondite


Tu escondite es mi tapadera

y mi suerte,

mi lugar.


Tu olor hoy me despierta

y me recuerda a nosotros,

ayer noche tú y yo.


En tus caderas y tu gesto

encuentro mi escondite

y en tu cuerpo de amor mi razón,

mi límite con labios

de muerte.


Con esas llego

a mi vida de ahora,

desbordado de sentimientos.


Con esas me marcharé

mañana borroso,

guardando mi corazón

bajo el escondite de siempre,

mi temor.


Mis enamoramientos.

© Pedro Letai

2011

29.4.11

Maneras de decir tiempo (Es raro porque ayer te recordaba)


Un caso sencillo,

un camino,

un jardín,

un poema.

Un cigarro y las palabras.

Y tú,

tu mirada.


Un caso sencillo,

doce cervezas más tarde,

es una isla desierta

de la que no puedes huir

porque solo tú

te persigues.

Y si nadie más te persigue

no hay lugar a donde puedas huir.


Un camino,

diez años después,

es una carretera alumbrada

y sin corazón.

Azul, inmensa,

atroz, enjaulada.

Gritona, idiota.


Un jardín

de palomas y rosas blancas

es ahora un extremo concreto

de mi barrio vendido

al desaliento y al comercio.

Al bebercio y al negociado.


Y un poema,

entonces vómito de amor adolescente.

Luego un folio adulto

y frío como el infierno

más caliente.


Caliente como el cigarro,

que en el olvido

es ceniza

de lo que una noche

sentí que te dije

y ya no recuerdo.


Las palabras,

siempre las palabras,

que ya no son las de los dieciséis

ni son perfectas

ni nupciales.

Que ya no caben

en los huecos.

Que ya no besan

en los portales.


Y tú, y todos nosotros

que hemos perdido ya el brillo.

Muchas tormentas,

tantos asuntos personales.


Tanto cansancio,

tanta carretera, tantas ciudades.


Tanto que ni recordar tu cara

es hoy ya un caso sencillo.

© Pedro Letai

2011

11.4.11

Marketing para inmaduros


“El que vale vale y el que no, a Derecho”. E inmediatamente después mi madre a mis diecisiete pidiéndome que fuera al Rectorado de la Complutense a buscar información. Vi una peli de Tom Cruise y unos billetes salir de una cartera en un restaurante y decidí que iba a ser abogado. Los que llevaban corbata para mi eran abogados. La Complutense porque estaba más cerca de casa, aunque después un profesor amigo de la familia dijo que mejor la Autónoma. Pues a la Autónoma y te coges el tren. También decidió aquel profesor que yo iba a ser su yerno y me mandó a su hija la pequeña para que me asaltara en mi coche una madrugada cuando ya la dejaba en casa. Me contó que tenían una casa en la Sierra y que su madre cocinaba fenomenal. “Ya la conocerás”, me dijo, y ahí me acojoné. Tuve que desaparecer, tenía práctica, y no la vi hasta pasados unos años. La encontré una noche cualquiera y no me saludó, dolida. La siguiente vez que la vi sí que me saludó porque al parecer era amiga de la que por aquel entonces era mi prometida. Hoy no creo que me saludaran ninguna de las dos.


Así que un tren y muchas partidas de mus en la Facultad y mucho tiempo de no hacer nada. Ya nunca escribes, ya no vas al estadio, ya no te escapas a Euskadi en vacaciones. Y así cinco años, con el Romano a cuestas hasta tercero. Y un poco lo de siempre, dejarse barba, beber en vasos de plástico, ponerle pegatinas al coche, salir con alguna chica popular, marear la perdiz, afeitarte y ponerte a currar. Tuve un despacho para mi solo, con corbata y con una secretaria que me llamaba de usted cuando yo acababa de cumplir los veintitrés y todo el día gente mayor me decía lo que tenía que hacer. Un alivio. Después me despidieron. Otro alivio.


Pasó así un tiempo, después el engaño aquel del matrimonio y el despacho de abogados prestigioso. Y después la nada. Traté de rehacerme pedacito a pedacito y esquivar algunos delirios autodestructivos que me dieron aquí y allá, pero la vida del adulto inmaduro es muy difícil. Es muy duro saber qué hacer cuando, después de tanto tiempo, nadie te dice qué es lo que debes hacer.


Y lo demás pues más de lo de siempre. Tratar de sobrevivir a la ciudad y si eres republicano eres un rojo y si no un facha. Y el sábado no podemos cenar porque viene el Barça al Bernabéu. Y si quieres fumar salte a la calle. No, no sé quién es pero tuvimos sexo por chat porque somos amigos Facebook. Y los niños fines de semanas alternos y las vacaciones por mitad. Y en el cine las pelis en español. Y si tu chica se va de juerga con sus amigas haz lo mismo tú con los tuyos, que allí no pintas nada. Y cada día una guerra en el desayuno. Y los que llevan corbata siguen siendo abogados y el que vale vale y el que no, a Derecho. Y si no sabes qué decir, llama a los de marketing y ellos te dicen.


¿Y así, a parte de veranear en agosto y discutir con la familia en Nochebuena, cómo maduramos los inmaduros?

© Pedro Letai

2011

4.4.11

A ti que todos te llaman alcohol


A ti, a ti que todos te llaman alcohol te debo hace tiempo una copa que te debería romper en la cara.


A ti que tanta muerte y tanta lágrima siembras sin que nadie te eche la culpa. Y tanta a mi lado.


A ti que tanto te temo y que por eso te abandono y luego regreso y ahora te he dejado. A ti, lo sé, que me la tienes guardada para cuando menos me lo espere volver a darme el palo.


Tú, que me has hecho nocturno, mujeriego, impotente, pendenciero, golfo, faltón, guaja, vacilón, prepotente, violento, melancólico, llorón, insomne, perdedor.


Tú que me has vestido de mil personajes.


Tú que sin tener rostro siempre has estado invitado.


Tú que me has hecho tatuarme un tobillo, perder la cabeza, escribir de madrugada, olvidar por la mañana y pasar vergüenza en la resaca. Tú que me has regalado un mal cuerpo que pedía a gritos chupar banquillo.


A ti que ahora te disfrazas en los ojos de otros y me miras furioso y en sus bocas me detestas.


Tú que siempre apareces para arruinar mi fiesta.


A ti que ahora que te cierro mi puerta porque ya solo quiero hablar de amor no te basta y sigues siendo la excusa perfecta cuando vuelve a asomar el dolor.


A ti, tan poderoso y líquido como el miedo.


A ti, miedo al que todos los cobardes llamamos alcohol.

© Pedro Letai

2011