7.1.12

Yo soy contigo (Ray Loriga)


Yo quiero hablar

de la nueva perilla

de Juan Marsé

y acabo escribiendo

un poema

sobre Ray Loriga

que es asomarme a nosotros.


Qué sabré yo de Ray Loriga.


Ray Loriga en una noche calurosa,

cuando el cielo nos estrangula

con unas manos rojas.

Cuando Madrid en verano

no es tan perfecto

porque algo de ella

siempre pertenece al dolor.


Después Ray Loriga acercándose

a un balcón,

en el 32 de la Cava Baja,

diseccionando el recuerdo

de una mujer

como un cirujano

que no ha leído

Madame Bovary

pero que es frío

como el invierno

de hace ya siete años,

cuando la nieve

hundió nuestra calle

y yo me preparé

una lápida metálica

en la que enterrar

mi primera vida.


Aquel frío,

con la lluvia golpeando

lentamente

la vieja casa

en la que al tiempo

me enamoré de ti.


La calefacción se va,

el teléfono no funciona.


Yo me alimento de Lorca

en Nueva York,

de pensar cómo sería

de maravillosa Roma

cuando tú estabas allí,

de sentir miedo

y de engañarme pensando

en la torre Eiffel

a mis treinta.


Y todo es de verdad.

Como Neruda,

como la Plaza Roja de Moscú.

Como el olor.


Ray Loriga se acerca lentamente

al miedo de empezar otra novela

mientras yo te escribo otro poema

después de perderte

tras las escaleras del metro,

buscando tu última mirada

de Patti Smith

como Ray Loriga busca la de Sylvia Plath

en todas las chicas que ha conocido.


Aquel frío

hasta que llegaste tú.


Era septiembre

y lejos del mar

me dijiste

-Yo no soy la chica rubia

de Ray Loriga,

ni me pinto las uñas

de rojo Las Vegas.

A mí no me puedes querer

sin antes abrazarme.

No, no puedes.


Y yo te oculto

otra vez

mi vida

detrás de un poema

sobre Ray Loriga.


Y no tengo ni ganas

ni fuerzas

para hablar

de la nueva perilla

de Juan Marsé.


Porque yo soy contigo

desde que te vi.


Tú y yo

corriendo por las calles

de Madrid.


Donde ya no hay frío.

© Pedro Letai

2012

3.1.12

En resumidas cuentas


Hay mujeres

que hacen que mientas

al conserje de un hotel,

cuando sacas la cartera

y crees que jamás

has visto

una chica tan bonita.


Igual que hay otras mujeres

que hacen

que te mientas

a ti mismo

toda una vida,

fingiendo haber encontrado

lo que nunca te atreviste a buscar.


Igual que hay noches

en las que lloras,

y piensas en Jimmy Hendrix

con un sombrero blanco,

o en Lou Reed escribiendo

un poema

junto a las luces rojas

del otro lado de la ciudad.


-En el principio no existía nada de esto-,

te dices.


Igual que hay tardes en las que

todo es perfecto,

o lo parece.

Se oye el mar,

alguien toma un Martini

con aceituna

y tu chica te dice

-Solo faltaría

que las gaviotas

recitasen a Poe.


Igual que hay otras tardes

en las que,

sin embargo,

ves a lo lejos los rascacielos

y sientes cómo una apisonadora

conduce por encima de tus sueños.


Y piensas cuánto te ha cambiado la vida.


Igual que hay mañanas,

como la de hoy,

en las que despierto

de un bombardeo

y siento miedo

de que nuestro amor

se nos vaya,

a la deriva,

entre las costuras

de la realidad.


Así que,

en resumidas cuentas,

hasta que me abrazas

cada día

tengo la absoluta certeza

de que he estado en el infierno.

© Pedro Letai

2011

20.12.11

Te entiendo en los días


Y aquí

el equipaje abierto,

el diario de guerra

de nuestras vidas improbables.


una ciudad tras otra,

la misma ciudad,

en cadena,

con las cabinas quemadas,

con los buzones vacíos.


la colegiala que grita con otras colegialas.


el viajero que miente

al teléfono.


el parado que se despierta tarde

y le roba tiempo al destierro y el bar.


los tacones sucios de la cajera con estudios.


la separada joven que se volverá a separar.


las sonrisas de envidia en el ascensor

de una oficina.


los comercios en calles sin corazón.


los hoteles de dos horas.


las alianzas en los bolsillos

de una chaqueta nueva.


(Y ya no te hablo de la soledad

o del dolor.)


Te hablo solo de mi vida.


el teatro de cada día.


el telón que siempre está por caer

entre flores amargas.


Fueron días de lluvia.


pero también hay un beso en el Arco de Cuchilleros.


también un viaje pendiente a Granada.


también un poeta que ha encontrado

una chica a la que escribir poemas.


la música de un verso,

un libro de Herman Hesse sobre la cama.


Entender.


que fueron días de lluvia

hasta tus labios ahora.


Que de toda esta niebla

has salido tú.


el equipaje ya cerrado,

el diario de paz

de nuestras vidas improbables.


Te hablo solo de mi vida.


Que de toda esta niebla

has salido tú.

© Pedro Letai

2011

15.12.11

Tú ya lo has comprendido (Diario de un Madrid que quiere ser Miami)


I


Contigo lejos

en nuestra casa ya no duerme la vida,

la puerta se confunde al no ver el paseo de tu cuerpo desnudo,

los minutos no son más que errores,

la esperanza es un timbre que nunca suena

y el otoño de mi ciudad es una orquesta desafinada.


En la buhardilla el cielo es un crucigrama

en el que yo escribo tu nombre juntando gaviotas,

y la calle,

abajo,

es una queja que atardece.


II


Espero que vuelvas a nuestra casa antes de que la lluvia

tiña azules los ventanales.

Que traigas en los labios pintado el lunar de siempre,

que no hayas perdido esta vez ningún sombrero,

que vengas vestida de ti,

que vengas vestida de esa chica que bebía vino blanco.


Porque esta casa no parece la misma. Se hace raro el silencio

deambulando por las habitaciones,

el corazón a la intemperie,

el corazón en vilo,

el silencio raro,

qué raro el corazón.


III


Vuelve a mi, crece en mis ojos como el amor a veces,

como a veces la vida.


Que en la calle se vacíen los autobuses,

que en los callejones nadie encuentre una salida

o que ardan las altas torres y nadie diga esta boca es mía.


Pero que el desencuentro duerma en otro lado,

que enciendas con tus besos mi alumbrado,

que vuelvas, te digo, a mi vida.


IV


Quiero volver a viajar en tus ojos sin pagar billete

y ver cómo la tristeza se aleja despacio, malhumorada.

Quiero que diciembre me vuelva a hablar de ti,

y que el frío anuncie un bulevar solo para nosotros.


Porque diciembre no es como entonces, cuando estabas,

cuando era inquieto como un río con luna.

Ahora la corriente se ha llevado tu cara

y nada es como entonces,

y yo me digo que voy a estar bien, y acaso soy sincero,

y me digo que voy a estar bien.


Y, sin embargo, qué difícil.

Retorna,

vuelve de madrugada,

como cuando te escribí

que sin ti se me acababa el mundo ya.


V


Poco más, amor.

Y es que sin ti hay poco que escribir. Las frases dulces te buscan,

viajeras.

Y no estás.

Esto es lo que ocurre cuando no estás.

Esto es lo que ocurre cuando no estás aquí.

Esto es lo que ocurre hasta que llegas.

Tú ya lo has comprendido.

© Pedro Letai

2011

30.11.11

Solo dos días


Para escuchar si hay algo más frío que el hielo,

para alejar lo oscuro mientras tú duermes por nosotros,

son solo dos días,

quédate.


Para ver a un tigre rendirse agotado,

para ver Venecia naufragar sin resistir,

para que explote el mercurio

y una gaviota mate al fin a un cazador,

son solo dos días,

quédate.


Para que mi ley sea ya solo tu movimiento,

para que el resto de las cosas sean también las que dan igual,

para volar,

son solo dos días,

quédate.


Para ver una primavera con nieve,

para acordarnos de aquel verano en mi calle de Madrid,

para que seas el rastro de mis ojos azules,

para morir,

son solo dos días,

quédate.


Para escribirte un soneto en dos ciudades,

para contarte un cuento,

para que seas mi pasajera en el silencio y la fiesta,

son solo dos días,

quédate.


Para decirte todo esto,

para que sepas que ya solo existo al estar junto a ti.


Día sí y día sí.


Son solo dos días,

para que no te olvides.

© Pedro Letai

2011

22.11.11

Ni más ni menos


La adolescencia es MÁS que una nube pasajera,

el placer es MENOS que la tristeza.


Un libro es MÁS que la gloria o el dolor,

Hemingway es MENOS que Scott Fitzgerald.


La primera vez es MÁS que la soledad,

ser fiel es MENOS que ser libre.


Unos ojos son MÁS que fingir y permitir.


El mar es MENOS que una caricia,

un barco es MÁS que una verdad solitaria.


Palpitar es MENOS que suspirar,

ser amantes es MÁS que morder la vida.


Una tumba es MENOS que cualquier sueño,

vivir la noche es MÁS que morir la primavera.


El deseo es MENOS que septiembre y las estrellas.


Prohibir una amenaza es MÁS que petrificar el hielo,

no me importa es MENOS que cosas del destino.


Las flores son MÁS que coronas derribadas,

las aves son MENOS que unas manos de amor.


El olvido es MÁS que el papel o el sonido,

el recuerdo es MENOS que el viento o el alma.


Un instante es MÁS que un secreto escondido.


Una sombra es MENOS que el pasado,

una isla es MÁS que humedad en la piel.


Una respuesta es MENOS que una pregunta en silencio,

una duda es MÁS que una sala oscura.


Cruzar una puerta es MENOS que el color de un lienzo,

escribir un poema es MÁS que jugar con fuego.


Mi chica es MÁS guapa que Rita Hayworth,

su cuerpo, ni MÁS ni MENOS, mi historia entera.

© Pedro Letai

2011

17.11.11

Cuando entonces


Cuando entonces mires los aires,

y te acuerdes de mi.

Cuando entonces tomes el camino

de siempre.

Cuando entonces veas la luz delgada,

la luz callada,

cuando entonces te sientas escrita

tantas veces y te dé por llorar.

Cuando entonces mi corazón no esté

donde está la verdad,

cuando entonces desde mi soledad sienta

que no supe decirte las cosas.

Cuando entonces los días sean un quejido

y sean, desde lejos, tu nombre.

Cuando entonces las nieblas sean

duras realidades,

el sol una ceguera,

la lluvia un vapor insoportable.

Cuando entonces hayan muerto tu fe

y tu esperanza,

cuando no te hagan sentido.

Cuando entonces nada más puedas hacer,

se acaba otro día, déjate caer dulce.

Cuando entonces el atardecer sea

como un ciego

y nos visite ella, claro,

la tristeza.

Cuando entonces llegue la noche

a tus manos y de ahí a tu olor,

y de ahí a tu aullido.

Cuando entonces ante una tormenta

ya no me encuentres para calmarme

y decirme –será fugaz-,

cuando entonces ya no me encuentres

en los poemas

de Robert Lowell,

cuando entonces ya no me encuentres.

Cuando entonces no puedas más

y necesites amarme

y salir de casa

y salir de todo

hacia un sitio olvidado.

Cuando entonces seas ruido de calle

date la vuelta y dame un beso,

que aquí estoy yo,

de puntillas,

entre tu pecho y tu latido.


© Pedro Letai

2011