
Pedro vive en el Wilshire Hotel.
Mira por la ventana sin vidrios,
las paredes son de cartón y los periódicos
se amontonan a sus pies.
Su padre le sacude a diario,
pero él está demasiado cansado
para salir a mendigar.
Tiene nueve hermanos y hermanas,
criados en sus maltrechas piernas.
Es duro correr cuando te ha destrozado
lo muslos
una maldita percha.
Pedro sueña con ser mayor
y matar al viejo,
pero es algo muy remoto,
así que, una vez más, se irá al bulevar.
Acabará en el Sucio Bulevar,
hacia allí sale, hacia el Sucio Bulevar.
Allí baja, al Sucio Bulevar.
La habitación cuesta dos mil pavos al mes,
puedes creerlo tío, es así.
Por allí habrá un terrateniente riendo
hasta hacerse pis,
mientras aquí nadie sueña con ser un abogado
o un doctor o algo.
Sólo se sueña con trapichear
en el Sucio Bulevar.
Tráeme tu hambre, tu cansancio, tu pobreza,
me mearé sobre ellas.
Eso es lo que dice
la Estatua de la Intolerancia.
Vosotros, pobres masas oprimidas,
os aporrearemos hasta la muerte
y acabaréis en el vertedero
del Sucio Bulevar.
Acabará en el Sucio Bulevar,
hacia allí sale, hacia el Sucio Bulevar.
Allí baja, al Sucio Bulevar.
Afuera la noche es clara,
hay una ópera en el Linclon Center
y las estrellas de cine llegan con sus limusinas,
luces brillantes sobre Manhattan
y oscuridad
en las calles mezquinas.
Un niño en el túnel Lincoln
vende rosas de plástico a un pavo.
El tráfico en la 39 gira al contrario
y las putas llaman a los polis
para pasar un buen rato.
De vuelta en el Wilshire
Pedro entra en sus sueños.
Ha encontrado un libro de magia
en un contenedor
y mira fijamente las fotos,
luego al techo y piensa
cuando cuente tres, desapareceré.
Desapareceré y volaré, volaré muy lejos,
lejos de este Sucio Bulevar.
Quiero volar muy lejos
de este Sucio Bulevar.
© Lou Reed y Pedro Letai
2010